 |
|
|
 |
|
|
|
Y entrando en la casa, vieron al niño…
(Mateo 2:1-12)
Introducción:
-
“Cuando entraron en la casa, vieron
al niño con María su madre, y postrándose le adoraron. Entonces
abrieron sus tesoros y le ofrecieron presentes de oro, incienso y
mirra.”
-
Procuremos, imaginariamente,
contemplar aquel cuadro tan significativo que los magos de oriente
tuvieron la dicha de contemplar. Estos magos o sabios del oriente,
dejaron su patria, su hogar para emprender un viaje largo y azaroso
porque arriba, en el cielo, les conducía una estrella reluciente y
especial; y adentro, en sus corazones, les impulsaba un sueño, una
aventura, una fe. En la pantalla de nuestra imaginación mirémosles
como prosiguen, siempre adelante, venciendo los obstáculos, porque
tienen una meta la cual desean alcanzar. Cruzaron valles extensos,
vadearon ríos, escalaron montañas, atravesaron ciudades, pero siempre
con la mira puesta en lo alto, de donde les venía aquella luz
guiadora. En fe viajemos nosotros con ellos, a fin de que arribemos al
sitio donde se halla Jesús, porque allí, con él, está nuestra
felicidad y la cristalización de nuestros más puros ideales. Venzamos
toda distancia, barreras, cualquier obstáculo y oposición, debemos
llegar a donde Jesús. “En la casa de mi Padre muchas moradas hay. De
otra manera, os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para
vosotros. Y si voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a
mi mismo; para que donde yo esté, vosotros también estéis.” (Juan
14:2,3)
I.- EL ESCENARIO
A. “Y al entrar en la casa”
-
Procedentes de tierras tan lejanas,
al fin arribaron al puerto donde querían llegar. Aquello fue el
término de una carrera larga, pero fue también el comienzo de una
nueva vida, sí porque en Cristo, muchas cosas terminan y muchas cosas
empiezan. Al fin podían contemplar extasiados al niño Jesús.
-
Jesús, el Hijo de Dios, sigue
siendo la figura atrayente. Alrededor del cual, millones de personas
siguen arribando desde distintos y distantes puntos de la tierra;
buscando luz para nuestro sendero, esperanza para nuestro corazón,
aceite que suavice nuestras heridas, un cobijo de cariño, amor,
comprensión, norte, guía.
B. “Vieron al niño con su madre María”
-
Como los magos, fijemos nuestra
vista incansablemente en Jesús. El es y debe ser el centro de nuestra
fe y adoración. Jesús debe atraer nuestra atención. Este punto es
importante, porque aquello en lo que fijamos nuestra mirada, señalará
la dirección de nuestras acciones y pensamientos.
-
No fijemos nuestra vista en María o
José. Para los magos, el centro de su atención fue Jesús. Es la visión
que debemos tener siempre. Como los apóstoles, Pedro, Juan y Santiago,
que en el monte de la transfiguración vieron “a Jesús solo”. Las
grandes figuras del Antiguo Tiempo, Moisés y Elías, quedaron
eclipsados, oscurecidos, y la figura del Señor Jesús se destacó. Es
que él, Jesús, debe ocupar siempre el centro de todo. ¡Aprendamos a
mirar a Jesús cada día a través de la fe!.
C. “Le adoraron”
-
Adorar a Jesús es deber de todo
cristiano.
-
Los magos no rindieron culto a
María, aún cuando ella estaba allí en persona. Lo adoraron a El, a
Jesús. Hermanos, cuando vayamos al culto de la iglesia, vayamos a
adorar a Dios. La adoración es sentir en lo íntimo de nuestro ser a
Dios, y darle gracias por todo, y cantar himnos de alabanza a su
nombre. “Jacob despertó de su sueño y dijo: --¡Ciertamente Jehová está
presente en este lugar, y yo no lo sabía!. El tuvo miedo y dijo:
--¡Cuán temible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y
puerta del cielo.” Génesis 28:16,17)
D. “Y abrieron sus tesoros”
-
Los magos llevaban sus tesoros con
un propósito. Sabían de antemano que se encontrarían en la presencia
del esperado por las naciones. ¿Cómo se presentarían con las manos
vacías ante él?
-
Como los magos, aprendamos a dar al
Señor. Darnos nosotros mismos a Jesús. Darnos a nuestros hermanos, a
nuestro prójimo. Dar amor, perdón, cariño, afecto.
-
Los tesoros de los magos: Oro,
incienso y mirra
-
La mirra simboliza el
sufrimiento. Al Señor debemos ofrecerle nuestro sufrimiento. Es
decir: realmente debiéramos sufrir sólo por una cosa, por la obra
del Señor. El ejemplo de Pablo:“Hijitos míos, por quienes vuelvo a
sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas
4:19). “de que tengo una gran tristeza y continuo dolor en el
corazón; porque desearía yo mismo ser separado de Cristo por el bien
de mis hermanos, los que son mis familiares según la carne.”
(Romanos 9:2,3).
-
Incienso. Simboliza las
oraciones, el sacerdocio. En el antiguo culto levítico se quemaba
incienso, lo cual era un simbolismo del ascenso de las oraciones del
pueblo de Dios. Elevar nuestras oraciones a Dios, con humildad y
sencillez, nos hace reconocer nuestra pequeñez y a la vez exalta la
inmensa grandeza del Padre Celestial. Ofrezcamos al Señor todo
nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo... (1 Tes. 5:23)
-
Oro. El oro, era el presente
para todo rey. Jesús es el Rey de reyes, él merece todo. El dinero
representa nuestro trabajo, nuestras energías, nuestros talentos en
ejercicio útil. Cuando ofrendamos, cuando damos al Señor, estamos
dando lo que de cierto hay en nuestro corazón.
II. JESÚS MERECE NUESTRA ADORACIÓN
1. La ingratitud es característica de nuestros días. (Lc 17:17, 2Tim
3:2)
a) Puedes sentir el anhelo en sus
palabras cuando dice: "y los nueve ¿dónde están?".
2. Jesús nunca impidió a nadie el que le adoraran.(Mt 2:11, 8:2 7:18,
14:33, 15:25, 18:26, 28:9; Mc 5:6; Lc 24:52)
Mateo
2:2,11: Los magos de oriente
Mateo 28:9: He aquí, Jesús
les salió al encuentro, diciendo: ¡salve! Y ellas,
acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.
Mateo 28:17: Los once en la
gran comisión
Mateo 14:33: Los discípulos
cuando Jesús anduvo sobre el mar.
Juan 9:38: El ciego de
nacimiento
Hebreos 1:6: Los ángeles
Romanos 11:36: A el sea la
gloria
Efesios 3:21: “ “ “ “ “
“
Hechos 17:23: Al Dios no conocido
Apoc.5:12-14: El
cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la
sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo
lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la
tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir:
Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la
honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro
seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron
sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
Judas
25: Sea gloria y majestad
Filipenses 2:10: Se doblará toda
rodilla
Juan 20:28: Tomás lo adoró
Lucas 24:52: Los discípulos en
la ascensión.
Imprimir
esta página
| |