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Elementos de la Predicación |
CONTENIDO
1 PUNTOS
ELEMENTALES DE UNA PREDICACIÓN
1.1
El Tema Principal
1.2
El Plan y Divisiones del Discurso
1.3
La Introducción
1.4
El Cuerpo y sus Divisiones
1.5
La Conclusión
2
CARACTERÍSTICAS Y CUALIDADES DEL PREDICADOR
3
CONSECUENCIAS QUE PUEDE TRAER UN PREDICADOR NEÓFITO
4 IMPORTANCIA
QUE TIENE EL PREDICADOR DE CONOCER BIEN LA BIBLIA
Todo sermón tiene más o menos las
siguientes partes:
Es el asunto o enseñanza que vamos a desarrollar por
medio de la materia que hemos reunido. Es la enseñanza que pasa por todo
el discurso desde el principio hasta el fin.
El predicador es semejante a un arquitecto que de un
montón de materiales y con un plano puede edificar un bello edificio
útil para la humanidad. El mensajero de Dios al usar un plan construye
con su material un sermón que tiene unidad, orden, proporción y
simetría.
-
Unidad (unión y conformidad). Todas las
enseñanzas del sermón deben ir unidas las unas a las otras de tal
manera que la introducción, los temas secundarios, los puntos, las
ilustraciones y la conclusión enseñen lo que es el tema principal del
sermón.
-
Orden. Es la colocación de las distintas partes
del sermón en el lugar que les corresponde.
-
Proporción. Es la debida conformidad o
correspondencia que una parte del sermón tiene con el todo. Diez
ilustraciones en un sermón lo desproporcionan.
-
Simetría. Es la armonía que guardan entre sí
todas las partes del sermón y que ayuda a darle belleza y gusto al
mensaje.
Debe ser corta e interesante. Se emplea para presentar a
los creyentes el tema y tiende a despertar el interés con el fin de
preparar los ánimos para oír el mensaje.
Es la parte principal del discurso que contiene casi todo
el material. Se divide en la forma siguiente:
a)
Temas secundarios que desarrollan el tema
principal.
b)
Puntos que desarrollan los temas
secundarios.
Por lo general debe ser corta. Es con el fin de terminar
el sermón.

2.
CARACTERÍSTICAS Y CUALIDADES DEL PREDICADOR
El predicador debe ser una persona convertida, que sabe
bien que ha renacido, que tiene a Jesús en el corazón, poseído de un
vivo deseo de hacer a otros partícipes de la salvación, y de un corazón
tan humilde que esté listo a recibir los consejos del pastor o de
cualquier otra persona. Las siguientes citas trata de: la conversión,
Mateo 18:3: el renacimiento, Juan 3:1-21; y el recibir a Jesús,
Apocalipsis 3:20; Juan 1:12; y 1 Juan 5:12.
Debe ser una persona llena del Espíritu Santo, porque el
Espíritu Santo es el que convence al mundo de pecado, de justicia y de
juicio; porque el Espíritu Santo es el que habla por nosotros.
El predicador debe dar un buen testimonio tanto en su
trabajo, finca o hacienda como en la región, caserío, vereda, barrio o
pueblo donde vive, ya sea él jefe o subalterno, compañero, vecino o
ciudadano; y en su hogar debe ser un modelo como esposo, padre, hijo o
hermano. En testimonio de su fe, debe ser bautizado, siendo su
permanente sermón, “haga lo que hago”, I Timoteo 3:1-12; Tito 1:5-9.
El predicador debe ser llamado a dar el mensaje; debe
amar tanto a Cristo como a las almas; debe desear que todo el mundo
participe de la Salvación; y debe predicar porque no puede callarse,
aunque se sienta tan incompetente como Moisés o tan niño como Jeremías,
Exodo 4:10-12; Jeremías 1:6-8; 20:9; I Corintio 9:16.
Jesús llamó a Su servicio de todas las clases sociales:
fariseos, publicanos, pescadores, médicos, sacerdotes, ricos, pobres,
educados e ignorantes; todos de una u otra manera recibieron el
llamamiento personal. No es la iglesia ni el ministro u otro amigo
cualquier el que llama al predicador. Esos pueden ser solamente los
instrumentos que Jesús usa para llamar, pero cada predicador debe saber
que Jesús lo llamó a predicar. De lo contrario, es mejor que nunca
predique.
Una vez que el creyente oído el llamamiento, debe empezar
por la comisión de Cristo, “predicad el evangelio a toda criatura”,
Marcos 16:15, y recordar su promesa: “yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del mundo”, Mateo 28:20. Su predicación estará bajo
la dirección del pastor, junta local o de acuerdo con el obrero
encargado de la obra en la región donde trabaja.
El predicador es el portavoz de Dios, Mateo 3:1-3; Juan
1:23; y Romanos 10:14,15. Tiene el gran privilegio de llevar el mensaje
del evangelio a las multitudes que no conocen a Cristo y también
ministrar a los hermanos en la fe, declarándoles el camino de Dios,
Hechos 18:26. El es una carta abierta, y todos van a leerla y hacer su
decisión en pro o en contra del evangelio por causa de su testimonio.
Por eso él debe entrarse totalmente al Señor, Romanos 12:1,2. Cristo le
ha llamado a ser lleno de Su Espíritu, y ese es el secreto de una vida
fructífera en el servicio; la lectura de los primeros capítulos de los
Hechos se lo comprobará. Dios es santo, puro, limpio, justo y lleno de
amor y de misericordia; y el predicador debe anhelar ardientemente tener
en su vida todas estas cualidades, I Pedro 1:16. La crítica destructiva
y la chismografía o en otras palabras las obras de la carne, Gálatas
5:19,21, destruyen al predicador y con él la obra de Dios. Por eso él
debe entregar la carne y el yo a la cruz; practicar la paciencia para
con todos; controlar su lengua en el Espíritu; ser justo sin hacer
acepción de personas, humilde y templado; y estar listo a sufrir
persecuciones, dificultades, etc., gozosamente por amor a Cristo, II
Corintios 11:23-28; I Timoteo 3:3; 1 Pedro 5:4; Gálatas 5:22,23.

En 1 Timoteo 3:6 habla de los neófitos, es decir un
recién convertido debe estar excluido del servicio de predicación,
por causa de la falta de experiencia cristiana. Donde sea posible es
claramente indeseable que a los nuevos creyentes se les den muchas
responsabilidades hasta que estén arraigados. Pablo menciona
especialmente el peligro de la vanagloria. Para que no caiga en la
condenación del diablo es probablemente la mejor manera de tomar las
palabras que lit. significan “el juicio del diablo”, que podría
posiblemente ser el juicio preparado para el diablo. Un nuevo convertido
en una posición exaltada puede ser tentado a caer en la misma vanagloria
que el diablo.

La persona llamada debe hacer todo lo que esté a su
alcance para ser un predicador eficaz, y por esta razón debe prepararse
para tal fin. La Biblia es el libro de texto del predicador. Por ser la
revelación de Dios, debe ser estudiado diariamente. Leyendo solamente un
capítulo cada día, se puede terminar toda la Biblia en tres años y tres
meses; leyendo dos capítulos diarios se hará en la mitad del tiempo. Los
libros de la Biblia deben ser estudiados por separado, especialmente los
del Nuevo Testamento.
Otra forma de estudio bíblico es la de escoger temas
importantes y estudiarlos a través del Libro Santo con la ayuda de una
Concordancia, de las referencias al margen de la Biblia y de un Manual
Bíblico. Unos temas importantes son la salvación, la redención, la
justificación, la gracia, el arrepentimiento, la oración, el avivamiento
y la santificación.
El predicador debe estudiar la Biblia de cuantas maneras
le sea posible. Durante su tiempo de meditación diaria debe leer la
Biblia para oír la voz de Dios hablándole personalmente. Es provechoso
hacerse a sí mismo las siguientes preguntas: ¿Qué quiere decir esto?
¿Estoy cumpliéndolo? Si no, ¿por qué?, etc. Así se le da oportunidad al
Espíritu Santo de hablar al corazón. Luego después de haber meditado por
un tiempo, se pasa a la oración.
Es necesario aprender de memoria los nombres de los
libros de la Biblia y saber encontrarlos en ella con rapidez. El obrero
no debe usar una Biblia con índice. Es bueno hacerse las mismas
preguntas de todos los libros de la Biblia: ¿Quién escribió este libro y
cuándo? ¿Por qué fue escrito? ¿Qué quiere decir el nombre Génesis, etc.?
¿Cuántos libros hay en la Biblia? ¿Cuántos hay en el Antiguo Testamento?
¿En el Nuevo?
En la lectura de la Biblia deben escogerse y aprender de
memoria con su cita los versículos más adecuados para la obra personal.
De esta manera se llena la mente de la Palabra de Dios. Así se guarda
mucho material que el Espíritu Santo puede recordarle a uno cuando más
se necesite, Juan 14:26. Recuérdese que el Espíritu Santo no puede
recordarle a uno lo que no ha aprendido.
¡Sean
prevenidos! La atalayas de los Testigos no servirá para defender a nadie
de la vida y el enojo de Dios en el día del juicio.
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