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El Evangelista y su Relación con Dios |

Texto
Base: Hechos 6:2-4,7
“Entonces los doce convocaron a la multitud de los
discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de
Dios, para servir a las mesas. 3 Buscad, pues, hermanos, de entre
vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y
de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. 4 Y nosotros
persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra....
7 Y crecía la palabra del Señor, y el número de los
discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de
los sacerdotes obedecían a la fe.”
Introducción
Hay
muchas cosas importantes en el momento del servicio a Dios: un buen
conocimiento de las Escrituras, anhelo ferviente de servir a Dios,
aplicación de una y otra estrategia o método de evangelismo, buenos
equipos de amplificación, testificar, cantar, predicar, dirigir, etc.
son elementos fundamentales en el trabajo de evangelismo. Pero todo este
esfuerzo sería infructuoso si olvidamos algo que es más importante y que
de ello dependen los buenos resultados que se quieren obtener:
NUESTRA RELACIÓN CON DIOS.
Un hierro sin filo
Eclesiastés 10:10 dice “Si se embotare el hierro, y su filo no
fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza...” Tenemos el
ejemplo de un hombre que pretende derribar un árbol con un hacha, si el
hacha tiene buen filo quizá en 20 o 30 golpes lo derribaría, pero si el
hacha no tiene filo se requerirá mucho más golpes, se requerirá añadir
entonces más fuerza. Muchas veces nos vemos frustrados cuando los
resultados de nuestro trabajo evangelístico no son los que nosotros
deseamos. ¿Dónde está el poder de Dios manifestado en sanidades y
milagros? ¿Dónde están las personas arrepentidas? ¿Dónde están los
libertados por demonios? Tenemos las armas antiguas, las que usaron los
primeros cristianos del libro de Hechos las armas más eficaces que Dios
nos ha dado: El ayuno y la oración. Miren la oración de los primeros
cristianos: “Y ahora Señor, .. concede a tus siervos que con todo
denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan
sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo
Jesús” Hechos 4:29-30. El resultado no se hizo esperar,
“Cuando hubieren orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y
todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la
palabra de Dios”.(V.31). Y ellos saliendo predicaron en
todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las
señales que la seguían. (Marcos 16:20). Podríamos conocer mucho
de teología, exégesis, homilética y hermenéutica, arqueología bíblica,
origen de las religiones, etc.; podríamos conocer la jerarquía de los
demonios, métodos para echar fuera demonios, todo sobre demoniología
pero lo más importante, lo más efectivo, es nuestra relación íntima con
Dios. Todo depende de nosotros, si nuestra hacha está bien afilada los
resultados serán mejores. Nosotros decidimos ser unos creyentes
que utilizan las armas antiguas y ver manifestado el poder de Dios, o
bien podríamos seguir siendo unos cristianos comunes e indiferentes,
cristianos sin filo.
Escoger
la buena parte
Quizá
muchas veces hemos leído acerca de la visita que hizo Jesús a Marta y
María (Luc.10:38-42), podríamos quizá deducir que Marta representa a los
cristianos que están tan ocupados en su trabajo rutinario o en sus
quehaceres de la casa y no tienen tiempo para servir a Dios, para ir a
la iglesia, etc. Pero si nos detenemos cuidadosamente Marta estaba
sirviendo al Señor, estaba preocupada por atender bien al Maestro,
quería servirle de la mejor manera y prepararle un buen alimento, por
eso Marta le dice al Señor ¿no te da cuidado que mi hermana me
deje servir sola? Dile, pues, que me ayude (V.40) Para ella
María estaba desocupada, sentada sin hacer nada. Para Jesús María había
escogido la buena parte; la cual no le será quitada. SOLO ESTO ES
NECESARIO dijo el Maestro, María sentada a los pies de Jesús teniendo
una buena relación con él. No se trata de quince minutos de oración
antes de empezar el culto solamente, sino de una continua relación con
Dios allá en tu recámara secreta, cuando estás trabajando o cuando estás
estudiando, una buena parte que tú le dedicas al Señor.
Simón el
fariseo había invitado a comer al Señor, no había lavado los pies al
maestro, no le había saludado con un beso, no había ungido su cabeza con
aceite como era la costumbre; pero una mujer pecadora entró y se postró
a sus pies regándolo con sus lágrimas, besándolos y derramando sobre
ellos perfume costoso. Estar a los pies de Cristo con lágrimas de
quebrantamiento, con besos de agradecimiento y con perfume de adoración.
El
Salmista David dijo en el Salmo 27:4 “Una cosa he demandado a
Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de
mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su
templo”. Demandamos del Señor su poder, demandamos del Señor su
presencia, queremos que el Señor nos use, queremos que el Señor se
manifieste; David no solo se limitó en demandarlo sino que también dijo:
“esto buscaré”, David pudo vencer porque tenía una relación íntima con
Dios. El ejército de Israel tenía hombres de guerra, bien entrenados
pero tuvieron temor de pelear contra Goliat; pero David tenía una íntima
relación con Dios y pudo decir: “Tu vienes a mí con espada y lanza
y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos,
el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová
te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y
daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las
bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.”
1 Sam.17:46.
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