La Revelación del Nombre Divino

 

CONTENIDO

EL SIGNIFICADO DE UN NOMBRE

El uso de nombres en tiempo bíblicos, especialmente en el Antiguo Testamento, conllevaban un mayor significado que el que tienen hoy. Las personas frecuentemente usaban nombres para revelar algo del carácter, historia o naturaleza del individuo. Para los antiguos el nombre es parte de la persona, es una extensión de la personalidad del individuo. Al final el nombre adquiría validez en la persona que lo ostentaba de tal manera que influía en su personalidad.

El nombre referido a la transformación o modificación. Algunos nombres se otorgaban para demostrar que algo nuevo había ocurrido en la vida de la persona. Es por eso que Dios le cambió el nombre de Abram (padre elevado) a Abraham (“padre de muchas naciones”). El nombre de Jacob (calcañar, suplantador) lo cambió a Israel (príncipe con Dios). Aún en el Nuevo Testamento Jesús le cambio el nombre de Simón (oyendo) a Pedro (roca) (Jn. 1.42). (Gn. 25.26) como es también el caso del cambio del nombre de Saulo a Pablo (Hch. 13.9), presumiblemente elegido por él mismo

El nombre referido a la circunstancia. Isaac recibió su nombre como consecuencia de la risa de sus padres (Gn. 17.17; 18.12; 21.3–7); Samuel, como consecuencia de las oraciones de su madre (1 S. 1.20); Moisés, como consecuencia del acto de su madre-princesa de sacarlo de las aguas (Ex. 2.10);. En muchos de estos casos la Biblia proporciona los elementos para probar que tales “accidentes” eran realmente simbólicos: la victoria en el mar Rojo convierte a Moisés preeminentemente en el hombre que salió de las aguas; la historia de Samuel es precisamente la historia del hombre que sabía que la oración es contestada, y así.

I. NOMBRES Y TÍTULOS DE DIOS

Dios ha utilizado diferentes métodos para revelarse a la humanidad. En uno de esos métodos Él usó diferentes nombres o títulos con los que se identifica a sí mismo. Conocer el nombre de Dios es conocerlo a El mismo. Es así como el nombre de Dios representaba su presencia, la revelación de su carácter y la revelación de su poder.

Dios uso nombres como un medio de auto-revelación progresiva. Por ejemplo, en Exodo 6:3 Dios dijo: “Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, más en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos”. Los versículos 4 al 8 dejan bien claro lo que significa el nombre de Jehová para Israel (Génesis 22:14). Sin embargo Dios no le reveló el significado completo de ese nombre en su aspecto redentor y es aquí en Exodo 6:3 donde El promete revelarse a su pueblo en forma nueva. La revelación del nombre de Dios pertenece a un programa de privilegio que ha ideado para su pueblo y lo que en ese momento se mantiene oculto se debe solamente al hecho de que el momento de la revelación suprema está todavía por delante.

Podemos observar en el Antiguo Testamento, que Dios progresivamente iba revelando más de sí mismo a medida que diferentes necesidades surgían en las vidas de las personas, y El usaba nombres para expresar su auto-revelación.

La revelación hecha a Moisés ante la zarza que ardía es uno de los incidentes más notables y convincentes en el relato bíblico. Después de las palabras iniciales Dios se presenta a si mismo de esta manera: “Yo soy el Dios (Elohim) de tu padre” (Ex. 3.6). Esto de inmediato supone que Moisés sabría el nombre del Dios de su padre. Cuando Dios anuncia su propósito de liberar a Israel por mano de Moisés este último se muestra poco dispuesto, y comienza a poner excusas. Dice Moisés: “Si ellos me preguntasen: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé?” (Ex. 3.13). La forma del pronombre “cuál” utilizado en este texto invita una respuesta que va más allá, y que inquiere acerca del significado o la sustancia del nombre.

Esto ayuda a explicar la respuesta, a saber, “YO SOY EL QUE SOY” Y él dijo: “Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Ex. 3.14). Por ello Moisés no tenía por qué pensar que Dios estaba anunciando un nombre nuevo, sino la revelación del significado del nombre que Moisés ya conocía. Este nombre quiere decir: el Eterno, el auto-existente, el que es, el que existe en sí mismo.

La interpretación de Éxodo 6.2–3

Después del regreso de Moisés a Egipto Yahvéh le da mayores instrucciones sobre cómo tratar a Faraón y a su propio pueblo: “Yo soy JEHOVÁ”, dice, “y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente (<el sûadday), mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos” (Ex. 6.3). Pero en Génesis 4:26 dice “Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.”

La revelación anterior, a los patriarcas, se refería a promesas que correspondían a un futuro distante; suponía que debían tener la seguridad de que él, Jehová, era un Dios  competente (un posible significado de shadday) para cumplirlas. La revelación en la zarza fue más grande y más íntima; allí el poder y la presencia inmediatos y continuos de Dios estaban con ellos, incorporados en el nombre familiar de Jehová. En lo sucesivo, las palabras “yo soy Jehová vuestro Dios” (Ex. 6.7) les proporcionan toda la certidumbre que necesitan en cuanto a su propósito, su presencia, y su poder.

Sin embargo, ninguno de esos nombres es una completa revelación de Dios. Muchos en el Antiguo Testamento se dieron cuenta de esto y, deseando conocer más de Dios expresaron ese deseo pidiendo conocer SU NOMBRE. Cuando Jacob luchó con el ángel en Peniel (una manifestación de Dios), preguntó: “Declárame ahora tu nombre” (Génesis 32:29). Dios no le reveló su nombre pero sí lo bendijo.

Cuando Manoa, el padre de Sansón, le preguntó al ángel del Señor cuál era su nombre, recibió esta respuesta: “¿Por qué preguntas por mi nombre que es admirable?” (Jueces 13:18). El profeta Agur preguntó: ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si lo sabes” (Proverbios 30:4). El estaba mirando hacia el futuro, intentando averiguar con cuál nombre se revelaría Dios cuando vendría como el Hijo.

Zacarías profetizó que vendría un tiempo cuando el Señor sería Rey sobre toda la tierra, y que “En aquel día Jehová será uno, y UNO SU NOMBRE” (Zacarías 14:9).

EL TETRAGRÁMATON:

El vocablo heb. YHWH se traduce generalmente “Jehová” en la Biblia versión Reina Valera y “Señor” en Versión Popular . El primero se originó de la siguiente manera: con el tiempo se consideró que el “tetragrámaton” YHWH era demasiado sagrado y que era una blasfemia pronunciarlo (basados en Exodo 20:7), de modo que al leer se lo sustituía por <?d_oµnaµy (“mi Señor”). Los eruditos judíos (denominados masoretas) que se encargaron de la tarea de copiar y transmitir con fidelidad la Biblia también insertaron en el texto la puntuación, las vocales (el texto hebreo original contiene sólo consonantes) y diversas notas.  Utilizando esta técnica los masoretas combinaron las vocales de la palabra “Adonai” con las consonantes YHWH; y por una regla gramatical del hebreo la “a” fue transliterada por la “e” quedando YeHoWaH que pasó al español como Jehová”.

III. JESÚS: EL NOMBRE DEFINITIVO DE DIOS

El Nuevo Testamento continúa el mismo orden de ideas del Antiguo Testamento en cuanto a la revelación progresiva del nombre, pero la característica distintiva de su uso es la manera en que el nombre de Dios se SUSTITUYE por el de Jesús en pasajes provenientes del Antiguo Testamento (Mt 7.22; Hch 4.17, 18; 5.40; 9.29; cf. Dt 18.22; 1 Cr 21.19; Jer 20.9; Dn 9.6).

Ahora Dios se revela en todo su poder y gloria a través del nombre JESÚS. Jesús quiere decir JEHOVÁ SALVA, Jehová nuestra salvación, o Jehová es Salvación. Es por esto que el ángel dijo: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvara a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

El Antiguo Testamento predijo que el Mesías declararía el nombre de Dios (Salmos 22:22: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré.” Ver Hebreos 2:12). Jesús declaró que había manifestado y declarado el nombre del Padre (Juan 17:6,26: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 26Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.”)

Incluso Jesús heredó el nombre de su Padre (Hebreos 1:4: “hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”).

Así como Dios en el Antiguo Testamento progresivamente revelaba más acerca de su naturaleza y su nombre respondiendo a las necesidades de su pueblo, de igual manera Jesús en el Nuevo Testamento completamente  reveló el nombre y la naturaleza de Dios por medio de milagros, echando fuera demonios, sanando a los enfermos y perdonando los pecados.

Jesús declaró y reveló el nombre del Padre por sus obras. Además, Jesús demostró que el ERA el Padre, el Jehová del Antiguo Testamento (Vea Isaías 35:4-6 con Lucas 7:19-22).

Al demostrar el poder de Dios en cumplimiento de las profecías, él demostró que Jesús es el nombre del Padre. Si negamos a Jesús negamos al Padre (1 Juan 2:23), pero si usamos el nombre de Jesús, glorificamos al Padre (Colosenses 3:17).

Jesús es el nombre definitivo de Dios: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12).

Jesús es el nombre sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero (Efesios 1:21; Filipenses 2:9-10).

JESÚS es la culminación de todos los nombres que Dios usó en el Antiguo Testamento. El nombre de Jesús es el nombre que Dios prometió revelar cuando dijo: “Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día, porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” (Isaías 52:6).  Jesús es el único nombre que incluye y abarca todos los otros nombres de Dios en su significado (Zacarías 14:9).

Concluimos pues, que Jehová es el nombre redentor del Antiguo Testamento pero que Jesús es el nombre definitivo de Dios a partir del Nuevo Testamento; que Jesús es Jehová, y en Jesús habita TODA la plenitud de la Deidad corporalmente, incluyendo la función de Padre (Colosenses 2:9).